Transitando babel es una conferencia presentada por Andrés Lombana en el III Encuentro de nuevos narradores de America Latina y el Caribe. Ciudad y literatura: Nuevas estéticas urbanas. Convenio Andres Bello. Bogotá, Colombia. Noviembre, 2003.


Transitando Babel
¿Variedades? ¿Curiosidades? ¿Novedades?


 
“El arte es un camino que lleva a regiones en las que no rige el tiempo ni el espacio”
(Marcel Duchamp)


 
BABILONIA MODERNA OCCIDENTAL
 
Quisiera hablar, el día de hoy,  de una ciudad que está en todas partes y en ninguna a la vez, una  ciudad de ciudades: Babilonia moderna occidental, ciudad transhistórica, transpolítica, transcultural, transnacional, transcomunicacional. Hablaré  de  esta ciudad-mundo  entendiéndola como el gran  proyecto urbanizador de Occidente moderno,  un proyecto de ciudad inconcluso que se viene gestando desde hace unos cuantos siglos y que, a pesar de la ruptura posmoderna, sigue en construcción gracias al capitalismo,  la urbanización de las telecomunicaciones y las súper autopistas electrónicas de la información. 
 
La ciudad es la mayor forma de la historia, no hay civilización sin ciudad. La ciudad es información, ordenamiento físico y simbólico, circulación, memoria.  Podemos pensar la ciudad  como un fenómeno comunicativo: enlaces entre dos o más puntos, tránsito de mensajes, de puntos de vista, de imaginarios, de textos. La organización de estos trayectos, vías o rutas, es lo que une a los seres humanos dentro de la ciudad, es lo que nos hace  próximos a los otros, lo que nos permite ser ciudadanos, habitantes de la urbe. La historia de Occidente es la historia de la organización de esas rutas (urbanización del espacio y el tiempo): colonización, postcolonización,  globalización, mundialización.
 
La metáfora de Babilonia,  proporciona claves para entender  el proceso de la  modernidad occidental  a nivel económico, histórico, político, cultural, social, filosófico y estético; el  proceso de universalización, de mundialización, con su economía de mercado capitalista,  sus  variadas y novedosas revoluciones artísticas, sus revoluciones de los transportes, de la industria, de la cultura, de la ciencia y de la información, sus terribles guerras, sus ataques terroristas, sus descubrimientos. Babilonia occidental cuya imagen podemos ver el día de hoy  en las fotos satelitales del planeta tierra, la ciudad-mundo descentrada compuesta por todo el conjunto de antiguas capitales nacionales,  viejas metrópolis, anacrónicas megápolis   y  vetustas ciudades estado.  Babilonia: polis universal, aquí y ahora, en todo el planeta. Ciudad-mundo de gran tamaño y monumentalidad, dotada de magníficas maravillas, rapidísimos medios de comunicación y de transporte,  y, por supuesto, una “lengua única”[1].


EL ESTETICISMO DE LA CIUDAD-MUNDO
 

“(…)algún anuncio, solo y único, que hiciera detenerse asombrados a los transeúntes, un cartel de novedad, excluidos todos los aditamentos extraños, reducido a sus términos más sencillos y eficaces sin exceder el alcance de la visión casual y en armonía con la velocidad de la vida moderna.”
(James Joyce, Ulises, 1914-1921)

 

Ahora bien, cuando hablo de la conformación de una “lengua única” en la ciudad-mundo quiero relacionar el fenómeno urbano con el estético, con la literatura y más específicamente con la  escritura (pictográfica, jeroglífica, ideográfica, fonética, alfabética). De ahí que haya destacado anteriormente la comunicación y la circulación de mensajes como característicos de la ciudad. La estética, al tener que ver con el arte, con la memoria  y  con los símbolos visibles y publicables,  es fundamental en el proceso de urbanización occidental. Pensar la estética  y  la escritura de la ciudad-mundo nos lleva a leer en los escenarios y paisajes urbanos una variedad de marcas y huellas que tienen efectos representativos. Babilonia moderna occidental tiene su escritura,  su universo de  signos que expresan la imagen de la ciudad. Imágenes que son puestas en circulación para despertar sensibilidades, deseos, miradas, posibilidades de tránsito y encuentro. Verbigracia, las poéticas de nación desarrolladas en América Latina para fundar los nuevos estados nacionales o la literatura del modernismo hispanoamericano con sus postulados de integración cultural mundial.
 
Hoy, en el 2003, la exposición pública de escrituras e imágenes se torna abrumadora. La esteticidad de la vida urbana nos desborda con la acción de los rápidos medios masivos de comunicación, la repetitiva publicidad  y el  imperativo de consumir productos estándar individualmente.  Algunos hablan incluso de la consolidación de una estética internacional popular. La vida cotidiana de los ciudadanos del mundo se encuentra plagada de placeres,  goces y  gustos  que pasan por las comidas, los vestidos, la música, los cuerpos, las súper estrellas de cine, los dibujos animados, un sinnúmero de géneros literarios, entre otras maravillas. La presencia masiva del arte ha terminado por darle sentido a las producciones estandarizadas que sensibilizan masas, muchedumbres y multitudes. El capital circula rápidamente y no da espera, procurando siempre producir más y más, más capital, más arte, más literatura, más música, más cine, más novedades, más variedades, más curiosidades.
 
En medio de tal saturación  de estéticas, pensar en una nueva nos puede llevar a caer en la redundancia cíclica de la modernidad y la crítica ideológica. ¿Acaso no tenemos suficientes novedades en  el cúmulo de vanguardias (-ismos)  que nos ha brindado el arte y la literatura de los siglos pasados? ¿Acaso no es bastante paradójico que aquellas vanguardias se hayan convertido en los nuevos clichés y cursilerías del arte popular? ¿Acaso no es demasiado redundante que el kitsch de las industrias culturales termine siendo parodiado “críticamente” por la vanguardia y luego –a manera de venganza como lo ha afirmado Humberto Eco- la vanguardia transformándose en kitsch masivo y multitudinario?
 



 
UNA PROPUESTA DE LECTURA Y REESCRITURA



“Las mariposas nacen de las calcomanías que pegan los niños en los cristales del invierno o en sus libros de estudio.”
(Don Ramón Gómez de la Serna, Greguerías, 1913-1927)

 


Quisiera proponer, ahora,  un juego anagramatical que nos permita transitar  por la abrumadora presencia símbolos, palabras, íconos, marcas, logotipos, emblemas y mensajes que circulan en Babilonia. Para ello quisiera compartir una experiencia de tránsito cotidiano, un ejercicio lúdico que traza un trayecto entre la estética popular de la vía bogotana de hoy y la estética del modernismo hispanoamericano de finales del siglo XIX, más específicamente, entre las calcomanías y grabados que suelen llevar los vehículos automotores que transitan por Bogotá[2] y la escritura modernista de Azul… (1888)  de Rubén Darío[3].  
 
Es viernes por la mañana y viajo  en un bus de servicio ejecutivo  de la empresa de transportes “Metropolitana de Trans.”. El inmenso vehículo, con capacidad para  transportar  45 pasajeros sentados (“No se admiten pasajeros de pie”) posee una carrocería de marca  “Blue Bird”.  Leo en  “El pájaro azul”:

“El  pájaro azul vuela...”

 


       
 
 
El bus tiene un cartel que dice “CENTRO” –indica su ruta-, y en este momento se desplaza (a 10 Km/h) por  la Avenida Chile hacia la  Carrera Séptima. En medio de la monotonía de un trancón o embotellamiento (Traffic Jam),  recuerdo que Azul…  fue publicado en Santiago de Chile por un joven nicaragüense, nacido en Metapa. Miro hacia la calle por la ventana que tengo al lado derecho  y  leo una marca pegada en el vidrio trasero de un taxi “Chevette”: un pájaro amarillo, un canario,  un dibujo animado, Twity o Piolín, personaje de la Warner Brothers. Leo en “El rey burgués/Cuento alegre”:

"(...) A más de los cisnes, tenía una vasta pajarera, como amante de la
armonía, del arrullo, del trino(...)El rey tenía cisnes en el estanque,
canarios, gorriones, senzontes en la pajarera;"

 

Me doy cuenta también, que  pegada  sobre el costado de un bus intermunicipal  de la empresa “Flota Santa Fe” viaja la imagen de un perro, quizás un galgo. Leo en  “El rey burgués/Cuento alegre”:

"(...)Los perros de patas elásticas iban rompiendo la maleza en la carrera, y los cazadores, inclinados sobre el pescuezo de los caballos, hacían ondear los mantos purpúreos y llevaban las caras encendidas y las cabelleras al viento."

 

El tráfico no fluye, el bus lleva quince minutos detenido en el mismo sitio. Miro una vez más por la ventana y encuentro que sobre el ventanal trasero de un colectivo “Chevrolet” está posada un águila con alas extendidas, en posición de vuelo. Leo en el “Rey Burgués/Cuento alegre”:

"(...)da golpes de ala como las águilas, o zarpazos como los leones. Señor,
entre un Apolo y un ganso, preferid el Apolo, aunque uno sea de tierra
cocida y el otro de marfil."

 

El trancón ha llegado a su fin. Una vez sobre la Carrera Séptima (antiguamente conocida como “Calle Real”), el “Blue Bird” acelera su curso


“¡Oh, el pájaro azul volaría muy alto! ¡Bravo!”

En un semáforo con luz roja,  en la Séptima con Calle 45, el “Blue Bird” se detiene. Desde la ventana  que tengo al lado –que por cierto tiene un letrero que dice “Salida de Emergencia”-  observo la carpa negra  de un camión “Ford” en donde se ve grabada  la imagen de un tigre. Leo los versos de  “Estival”:

"La tigre de Bengala,
Con su lustrosa piel manchada a trechos
Está alegre y gentil, está de gala.(...)"

 

 
También veo que “la tigre de Bengala” posa su rostro en el  bumper de un taxi “Hyundai”: 


La luz cambia a verde, y el “Blue Bird” vuela. Hacen falta pocas cuadras ya para llegar a mi lugar de destino: el “Museo Nacional” en la Séptima con  Calle 28. Miro por la ventana para ver si debo levantarme  de  mi puesto e ir a timbrar y me encuentro con una última imagen reveladora: en el ventanal trasero de un bus intermedio de la compañía “Trans. Rápido”  viaja la imagen de un león acompañada de una leyenda que dice “The Lion”. Leo en “Estival”:


"No envidia al león la crin, ni al potro rudo
el casco,(...)"

 

Me levanto de mi puesto y me dirijo a la puerta trasera. Ubico el timbre sobre el techo del “Blue Bird” -Servicio Ejecutivo- y lo hago sonar. El vehículo se detiene y salto a la calle. Tomo un poco de aire. Pienso: seguirle la pista a las marcas y  huellas escritas que nos proponen nuestras ciudades latinoamericanas, permitiendo su reescritura en los diferentes contextos del archivo escriturario occidental, puede resultar una suerte de felicidad, una suerte de tránsito –no regulado- al interior de la ciudad-mundo[4].
 


JUGAR


“(…)Babilonia no es otra cosa que un infinito juego de azares.”
(Jorge Luis Borges, La lotería de Babilonia, 1941)

La escritura de la ciudad-mundo puede ser recorrida, movida. Existen múltiples contextos y no hay esfuerzo de fijación que  detenga el movimiento de las marcas y las huellas escritas. Contextualizar y descontextualizar las marcas es la propuesta para transitar  la Babilonia de hoy. Recorridos de ida y vuelta que trazan  rutas sin ningún esfuerzo renovador, que  nos permiten despistar  la rápida y pesada redundancia cíclica moderna. Transitar la escritura, rompiendo con ello las barreras del tiempo y del espacio. Dar lugar a la reescritura, a la lectura que insiste en volver a escribir sin intentar fijar el sentido ni procurar algún tipo de necesidad. Danzar, reír, jugar...propiciar el juego de la marca. Quizás así podamos romper los universos de orden que los distintos estratos de poder nos imponen.
 
 
 
Andrés Alberto Lombana Bermúdez
Bogotá, Noviembre, 2003.

 
 
 


 
Bibliografía
 
DARIO, Rubén, Azul…(1888), Madrid: Editorial Espasa Calpe, 1998.
DERRIDA, Jacques, "La différance" (1968) en  Márgenes de filosofía, Madrid: Cátedra, 1998.
ECO, Humberto, Apocalípticos e integrados (1965), México D.F: Tusquets Editores, 1997.
GARCIA Canclini, Nestor, Consumidores y ciudadanos, Mexico D.F: Grijalbo, 1995.
GUATTARI, Felix, “El nuevo paradigma estético” en  Nuevos Paradigmas, Cultura  y Subjetividad, Buenos Aires: Paidós, 2002.
MARTIN-BARBERO, Jesús, “Investigar la ciudad: una propuesta de agenda” en  Red de investigadores de cultura urbana sobre Bogotá. Perspectivas desde un encuentro, Bogotá: Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las  Artes de Santa Fe de Bogotá, 1997.
ORTIZ, Renato, Los artífices de una cultura mundializada, Bogotá: Siglo del  Hombre Editores, Fundación Social, 1998.
RAMA, Angel, Rubén Darío y el modernismo, Barcelona: Alfadil Ediciones, 1985.
REY, Germán, Balsas y medusas. Visibilidad comunicativa y narrativas políticas, Bogotá: Fundación Social, 1998.
SANTOS, Lidia, Kitsch Tropical. Los medios en la literatura y el arte de América Latina, Madrid: Iberoamericana Vervuert, 2001.
SILVA, Armando, Imaginarios Urbanos. Cultura y comunicación urbana, Bogotá: Tercer Mundo editores, 1998.
VATTIMO, Gianni, Más allá de la interpretación, Barcelona: Paidós, 1995.
VIRILIO, Paul, Cibermundo: La política de lo peor, Barcelona: Anagrama, 1997.
 
Fotografía
 
LOMBANA Bermúdez, Andrés Alberto, Proyecto Detransitando Babel: Iconografía y tipografía   del    transporte público  bogotano,  Bogotá, 2000-2003.


[1] La “lengua única” es toda una paradoja, es homogénea y heterogénea, “diversa”, “multicultural”, moderna y tradicional al mismo tiempo.

[2] Este tipo de arte gráfico popular es producido de manera anónima por  diversos creadores informales que se encuentran ubicados en Bogotá, en la Calle Sexta entre carreras 20 y 18. Su arte, sus marcas, sus huellas, son  pegadas (reescritas) por los dueños de buses, busetas, microbuses, colectivos, taxis y camiones, sobre la piel de las máquinas que conducen. Este acto de inscripción, de escritura –en su mayoría autoadhesiva-, lleva consigo un esfuerzo  de originalidad  y de personalización. De esta manera, ellos hacen de sus vehículos parte de su mundo propio.

[3] El modernismo hispanoamericano, del cual Darío fuese pionero, intentaba modernizar la literatura en lengua española, buscando, mediante un virtuoso esfuerzo de síntesis, instaurar un isocronismo cultural, un actualismo y un cosmopolitismo acordes con la madurez de la modernidad a  finales de siglo XIX y principios del XX. A manera de resumen y breve esbozo del modernismo,  podemos decir que su escritura se caracteriza por la sobre imposición de las estéticas del romanticismo, realismo, naturalismo, parnasianismo, simbolismo, positivismo, espiritualismo y vitalismo. El virtuoso esfuerzo de síntesis de los poetas y escritores modernistas es sumamente subjetivo y original; sintiéndose ciudadanos del mundo, quisieron hacer el mundo  suyo en la escritura, y con ello –claro está- ingresar al creciente mercado de consumo cultural internacional (capitalismo impreso). De ahí su curiosismo cultural, su exotismo,  su esteticismo  y  búsqueda de nuevas formas puras y bellas. Para nuestro ejercicio de tránsito he seleccionado dos cuentos (El rey burgués y  El pájaro azul) y un poema (Estival) del  variado y novedoso libro de Rubén.

[4] En Bogotá, por ejemplo, es posible realizar trayectos entre barrios que llevan por nombre el de muchas de las ciudades que componen la ciudad-mundo. Podemos viajar a “Paris”, a “Roma”, a “Londres”, a “Berlín”, a “Los Ángeles”, a “Nueva York”, a “Niza”, a “Atenas”, a “Jerusalén”, a “Ciudad Berna”, a “Ciudad Méjico”, a “Lisboa”, a “Venecia”. Estos barrios (colonias)  y muchos otros más, son el lugar de habitación de  un gentío que sumado va ya por los siete millones de habitantes  (inmensa multitud, muchedumbre consumidora, ciudadanos del mundo).

 

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